La segunda parte se consagra así a la producción sinfónica de Felix Mendelssohn-Bartholdy, autor de un importante corpus sinfónico, con cinco formidables aportaciones al género, algunas de ellas permeadas de la "nueva" tendencia al programatismo, esto es, a sugerir, contar o describir una idea, historia, imagen o paisaje, como hizo con sus celebérrimas Sinfonías "Escocesa" e "Italiana", de claras resonancias atmosféricas y anhelos por dos paraísos del Romanticismo. La Sinfonía nº 5 "de la Reforma" halla inspiración en el aniversario de la declaración de la Confesión de Augsburgo, que como texto fundacional del Luteranismo, lo es también de la Alemania moderna, y debió constituir un homenaje de fuerte carga emocional para Mendelssohn, cuya familia judía sólo se había convertido muy recientemente al cristianismo protestante. La obra, solemne y evocadora, sugiere toda la trascendencia de la conmemoración merced a la inteligente inserción y manipulación de muy diversos temas sacros centenarios, cuya naturaleza el público de entonces, e incluso el de hoy en día, pueden identificar y asociar.
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